Películas de Terror Natural vs. Películas de Terror Sobrenatural

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Supongamos que abrimos el ropero y nos encontramos con el fantasma de una chica asesinada. Tiene la mirada vacía, la piel verdosa y se le ven las marcas de los cuchillazos que pusieron fin a su vida. ¿Nuestra reacción? Seguramente peguemos un tremendo alarido. Ahora supongamos que abrimos ese mismo ropero pero en vez de un fantasma nos topamos con un asesino serial, grandote, enmascarado y cargando una motosierra. ¿La reacción variaría? Probablemente no: en este caso también pegaríamos un tremendo alarido. De hecho, si pudiéramos medir ambos gritos, seguramente nos encontraríamos con que ambos poseen exactamente la misma intensidad, volumen y duración. El pavor y el miedo serían prácticamente iguales. Sin embargo, estaríamos ante dos fenómenos radicalmente diferentes: uno natural (el asesino) y el otro sobrenatural (el fantasma).

De las muchísimas formas de dividir y catalogar el cine de terror, esta es una de las más habituales. El equipo del Terror Natural podría formar así: Al arco, Jack el Destripador; en la defensa, Tiburón, Piraña, Tarántula y Anaconda; en el mediocampo, la Esquizofrenia, la Paranoia y la Psicosis; arriba, Hannibal Lecter, el asesino del Zodiaco y Charles Manson. Son todos fenómenos, personajes y criaturas que pertenecen al orden de lo real. Existen, existieron o podrían haberlo hecho. El director técnico podría ser Sigmund Freud, consumado explorador de los impulsos, fantasías y miedos que anidan en nuestro interior y que pugnan por emerger. Por otro lado, el equipo del Terror Sobrenatural saldría a la cancha así: Al arco, Alien; abajo, Frankenstein, Drácula, el Hombre Lobo y La Momia; en el medio, Freddy Krueger, Carrie, La Cosa y el Bebé de Rosemary; arriba, La Mujer Pantera y alguno de los fantasmas de Amityville. Zombies, extraterrestres, poderes sobrenaturales, asesinos que atacan en pesadillas… Criaturas, fenómenos y personajes que exceden a lo real. El técnico, como no podría ser de otra manera, sería el Amo de lo Sobrenatural, el Señor Diablo.

Por supuesto, hay una gama intermedia de películas de terror que plantan su bandera en el terreno de la incertidumbre: están en ese límite difuso que separa lo natural de lo sobrenatural. ¿A esa nena realmente le están pasando cosas diabólicas o es todo culpa de esas pastillas que está tomando? ¿A esa estudiante de psicología la persiguen criaturas de la noche o es su propia psiquis que se está resquebrajando? El espectador se debate entre una explicación natural y una sobrenatural. Una cita del filósofo e historiador Todorov ilustra a la perfección esta ambigüedad: “En un mundo que es el nuestro, el que conocemos, sin diablos, hadas, ni vampiros, se produce un acontecimiento imposible de explicar por las leyes de ese mismo mundo familiar. El que percibe el acontecimiento debe optar por una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusión de los sentidos, de un producto de la imaginación, y las leyes del mundo siguen siendo lo que son, o bien el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad, y entonces esta realidad está regida por leyes que desconocemos. O bien el diablo es una ilusión, un ser imaginario, o bien existe realmente, como los demás seres, con la diferencia de que rara vez se lo encuentra. Lo fantástico tiene lugar en esta incertidumbre”. Obviamente, sería imposible armar un equipo del Terror Ambiguo: ¿Quién sabe para qué lado patearía cada jugador?

 

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