The Matador: Mi nombre es Shepard

Críticas

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¿Por qué algunos directores son tan mentados y otros no?  No es sólo por sus reales méritos: a veces es capricho de la prensa, a veces suerte…  Si te digo, por ejemplo: Nolan, Bigelow, Zemeckis, los ubicás fácil.  Stone: sí, el de Pelotón, que ahora monta las películas en una trituradora.  Mann: el de Miami Vice, que ilumina todo azul.  Shepard. ¿Quién? Richard Shepard. No, no me suena. Y sin embargo, es probable que hayas visto algo de él –casi cualquier cosa que haya hecho en la última década– y te haya parecido muy bueno. Hagamos un repaso.

Contando desde 2005 –y viene haciendo películas desde 1990–, Richard Shepard tiene tres largometrajes de primera A, basados en guiones propios, con actores conocidos, los tres excelentes: The Matador (2005), con Pierce Brosnan; Corresponsales en peligro (The Hunting Party, 2007), con Richard Gere; y Dom Hemingway (2013) con Jude Law.  Más aún: aunque a primera vista no parezca, los tres son comedias, con bastante humor negro eso sí.  Además hizo un documental para HBO sobre John Cazale, ese actor ojeroso que trabajó en El Padrino y murió de cáncer y era el marido de Meryl Streep.  (La película, un mediometraje, es de 2009 y se llama I knew it was you, como le decía Michael Corleone a su hermano Fredo en El Padrino II.) Y también dirigió ficción televisiva, llegando a ganar un Emmy por el piloto de la versión americana de Betty la fea.  Entre los varios episodios que hizo para la serie Girls de Lena Dunham, está aquel de la segunda temporada en el que Hannah/Lena era protagonista absoluta y conocía al hombre perfecto, y el tipo le daba bola… y ella no se la bancaba.  Una pequeña obra maestra en una serie que de por sí se destaca en cada episodio. Richard Shepard no sólo es un buen artesano, sino que tiene un currículum soñado, y de él se deduce su buen ojo para elegir encuadres, pero también las historias y los actores que le interesan.

 

“¿Quién?  Richard Shepard.  No, no me suena.  Y sin embargo, es probable que hayas visto algo de él –casi cualquier cosa que haya hecho en la última década– y te haya parecido muy bueno.”

 

Las tres películas que mencionamos tienen algo en común: sus protagonistas son héroes fallidos que exhiben sus peores defectos, con una personalidad u oficio desagradables. Y sin embargo, Shepard consigue que de alguna manera simpaticemos con ellos y les deseemos un buen destino, aunque nos divierta verlos sufrir un poco –lo que parecen tener merecido– mientras tanto.  Son personajes-desafío para cualquier actor, y es un gusto ver a las estrellas que los encarnan en cada uno de esos films ir en contra de lo que estamos acostumbrados a ver en ellos.  Qué decir de la inédita vena cómica de Gere en Corresponsales en peligro, como un insufrible reportero televisivo que se mete en el conflicto de los Balcanes en un intento desesperado por salir de la mala.  Nadie imaginó que el galán de Mujer bonita podía actuar así.  O el desaforado Dom Hemingway (Law), que acaba de salir de la cárcel y arruina cada oportunidad que tiene por bocón, peleándose hasta con los amigos que lo quieren ayudar.  No sería raro ver al intérprete nominado a algún premio el año que viene.

La palma, con todo, se la lleva Brosnan en el papel de su vida.  En The Matador es un sicario internacional, más o menos lo que sería un James Bond de verdad: un egocéntrico macho alfa, sanguinario y sin escrúpulos.  Lo encontramos en el final de su carrera, angustiado porque sabe que está perdiendo el temple, y que nadie se retira indemne de semejante profesión.  El destino lo cruzará con Greg Kinnear, un anodino vendedor que aprovechó una convención para pavear un poco por el DF mexicano.  Unas copas en el bar del hotel y el ejecutivo se hace amigo –a su pesar– del matón estresado.  Para comprobar que lo de Brosnan no es bolazo –lo que iniciará una fascinación enfermiza con este personaje bigger than life– Kinnear vivirá en una plaza de toros una escena que es pura adrenalina, como buena parte de lo que sigue.  El director sabe construir sus guiones y se hace difícil predecir lo que va a ocurrir a continuación: la trama está siempre en el filo entre la burla despiadada y la desgracia inminente, entre la comedia del género y la tragedia de la vida real.  Con ambas construye un cine trepidante, más imaginativo y barato que el de otros cineastas mucho más promocionados. Por eso vale la pena recordarlo: su nombre es Shepard. Richard Shepard.

 

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