Una película para descubrir: Kiss Kiss Bang Bang

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Kiss Kiss Bang Bang

Ligera, desfasadamente tarantinesca –por su velocidad, su ingenio, su autoconciencia y su lúdica combinación de violencia y humor negro–, Kiss Kiss Bang Bang (aquí llamada Entre besos y tiros) fue en su momento una aparición fugaz repleta de fantasmas. Para empezar, el de su protagonista, Robert Downey Jr., que recién terminaba de romper su maldición, su larga racha de un día afuera-otro adentro (¡en gayola y en rehabilitación!), filmando esporádicamente para la televisión y más esporádicamente para el cine, pero nunca abandonado del todo por los productores, seguramente prueba de su talento inquebrantable. En segundo lugar, el fantasma que arrastraba su coprotagonista, el galancete Val Kilmer, el tipo que se había hecho un lugar único en el imaginario cultural pop (Top Secret!) y que en los noventa abusó de su estatus de estrella millonaria (fue Batman, fue El Santo) y para cuando reapareció en este proyecto que le daba la posibilidad de reinventarse un poco, ya hacía rato que se había desvanecido del top ten. Downey Jr. interpreta a un ladrón accidentalmente devenido actor, Kilmer a un detective convertido en consultor de Hollywood y “entrenador de actores”, definido con gracia y desparpajo como “Gay” Perry: que es gay, y tiene la canción “I Will Survive” de ringtone en su celular (así de poco le preocupan los prejuicios y estereotipos). Dos datos, los de de dónde venían y hacia dónde estaban yendo sus actores, que son fundamentales en una película que está hecha en un 90 por ciento en función de sus protagonistas.

 

“Downey Jr. interpreta a un ladrón accidentalmente devenido actor, Kilmer a un detective convertido en consultor de Hollywood y ‘entrenador de actores’”.

Hay otro gran fantasma en Kiss Kiss Bang Bang. Pocos lo recuerdan, pero el director Shane Black fue un niño maravilla, guionista-mejor-pago del Hollywood de la segunda mitad de los ochenta. Acababa de salir de la escuela de cine de UCLA, y con 23 años ya había vendido a los estudios el argumento de Arma mortal, la serie que el director Richard Donner y Mel Gibson extendieron por cuatro películas. Las superproducciones basadas en sus siguientes guiones no fueron igual de exitosas pero más de veinte años después mantienen su potencia: recordar El último Boy Scout, El último gran héroe, y El largo beso del adiós, por mencionar tres de la primera parte de los noventa. No le fue tan bien con ésas, y entonces pareció tomar la decisión de esconderse un tiempo, para volver recién en 2005 con Kiss Kiss Bang Bang, que no solo escribió sino que fue su debut como director.

 

Suerte de comedia de enredos clásica con muchos tiros y muertos –como la definió, palabras más palabras menos, el crítico neoyorquino J.Hoberman–, Kiss Kiss Bang Bang es una versión libre y paródica de los policiales pulp de los que es fanática la tercera pata de la historia, la hermosa Harmony Lane. Que es, hay que decir, el amor frustrado de la infancia del personaje de Downey Jr.: ambos se trenzan en un reencuentro azaroso que define la lógica deliberada y divertidamente caprichosa de toda la película. Harmony puede, finalmente, ser la razón número uno para zambullirse en Kiss Kiss Bang Bang, porque la interpreta la demasiado linda Michelle Monaghan, a la que extrañamente hay tan pocas oportunidades de ver. Y que acá estaba más linda que nunca (para fetichistas: ¡esa escena de Michelle en traje de Papá Noel!), interpretando a la aspirante actriz frustrada pero soleada que busca a su hermana desaparecida. En un argumento en el que, la verdad, las vueltas de la trama policial importan tanto menos que la interacción del trío principal, ella es la que provee todo impulso vital: ella es la chica por la que en las películas queremos que el protagonista se quede con la chica. El ansiado Kiss Kiss, después de tanto Bang Bang.

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